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4 de nov. de 2011

Eutifrón: ¿qué es lo pío y lo impío?

El diálogo de Eutifrón forma parte de los escritos de Platón, en él se trata principalmente de delimitar la definición de lo pío y lo impío, por medio de las acusaciones que se hacen contra Sócrates por parte de Meleto[1]. Este diálogo se genera entre Sócrates y Eutifrón, a través de argumentos que buscan aclarar la postura de cada uno frente a su realidad de difamado y de incriminado. Así pues, puede considerársele como un escrito con miras al proceso de condena de Sócrates.

La historia surge a raíz del encuentro de Sócrates con Eutifrón en el pórtico del arconte rey (lugar donde se versaba sobre delitos de asunto religioso y culto); el motivo que llevó al joven a acudir a los tribunales era el de acusar a su padre de homicidio, pues según él mismo, había dejado morir a un jornalero, mientras mandó a un hombre a consultar a un exégeta (especie de asesor jurídico), hecho que le hizo considerar a su padre como un hombre injusto. Para Eutifrón toda injusticia debe ser denunciada, aunque ésta haya sido cometida por su propio padre. Por otro lado, Sócrates es cuestionado por Eutifrón, quién indaga el porqué de su estancia en ese lugar, a lo que el filósofo contesta sobre la acusación que se hace sobre él de corromper a la juventud. La extrañeza de Sócrates está en la seguridad que muestra Eutifrón, al afirmar que lo que él hace es un acto piadoso, es aquí donde se evidencia la idea central en el diálogo, para definir lo que es pío e impío respecto a los dioses y a la postura humana.

Como ya fue mencionado en el párrafo anterior, el joven considera que está siendo movido por una recta intención, que él mismo define como un acto de piedad, pero para Sócrates no es algo que el muchacho tenga clarificado en su pensamiento, razón por la cual lo aborda con la siguiente intervención:

“Dime exactamente qué afirmas tú que es lo pío y lo impío” (5e)

Eutifrón responde que lo pío es acusar al que comete delito y peca de impío el que no hace esto (lo que es justo). A esta contestación puede considerársele como una primera definición que el joven usa para detallar y argumentar su postura. Sin embargo, Sócrates se muestra incrédulo y exige una explicación más detallada. Eutifrón lo intenta de nuevo afirmando que lo pío es lo que agrada a los dioses y lo impío es lo que odian; siendo ésta, la segunda definición. No obstante, Sócrates no se muestra de acuerdo con lo dicho anteriormente y pide al muchacho que le muestre qué señal tiene para saber si los dioses están todos de acuerdo para llevar a su padre frente a la justicia por impiedad. Esta confrontación toma importancia en el diálogo al puntualizarse de la siguiente manera por parte del acusado:

“ !Ea! Examinemos lo que decimos. El acto agradable para los dioses, y el hombre agradable para los dioses, ¿es pío?, el acto odioso para los dioses y el hombre odioso para los dioses, ¿es impío? No son la misma cosa sino las cosas más opuestas, lo pío y lo impío” (7 a)

Para contestar estas preguntas Sócrates lanza una hipótesis para llevar a Eutifrón a una demostración de que su conocimiento acerca de los dioses o una supuesta señal, es mera suposición de él, debido a que hay contrariedades en su pensamiento:

“Luego, según parece, las mismas cosas son odiadas y amadas por los dioses y, por tanto, serían a la vez agradables y odiosas para los dioses” (8ª)

Eutifrón intenta construir de nuevo otra definición, imprecisa al comienzo, pero luego se justifica: lo pío es lo justo. Como réplica a este argumento se provoca una incógnita: ¿dónde está lo pío está lo justo?, pues no es necesariamente verdad que donde esté lo justo esté también lo pío. La explicación es dada análogamente por Sócrates con el siguiente ejemplo:


“En cambio, donde hay respeto, hay también temor. ¿Hay alguien en que respete una cosa y que sienta vergüenza ante ella, y que, al mismo tiempo no esté amedrentado y tema una reputación de maldad?” (12b).

Sócrates en su opinión, trata que Eutifrón comprenda que estos conceptos se construyen y es necesario encontrar donde se cimienta lo justo para que sea considerado como pío; como vemos esta es una cuestión abierta a la que no podemos argumentar con los datos que se ofrecen en el texto, pero lo que sí podemos afirmar es que Platón intenta defender a su maestro por medio del presente diálogo.

Se puede decir, que Eutrifón no llega a una definición en concreto de lo pío e impío, lo que lo sitúa en una situación ambigua por no saber si estaba equivocado, si fue acertado o sus proposiciones fueron falsas. Ante este estado que se presenta, Sócrates pide a Eutifrón que empiecen de nuevo su búsqueda, ya que él está convencido (irónicamente) de que un hombre que lleva a su propio padre ante los jueces acusándolo de un crimen, sin temer el castigo de los dioses o de los hombres, es realmente un hombre sabio. Sin embargo, el joven sigue firme en su pensamiento buscando objeciones y escusas para marcharse y dejar a Sócrates con su dilema.

Con lo dicho anteriormente, ahora se puede afirmar que la intención de Platón en este argumento no es más que la de ubicar a los personajes en una situación que genere una dialéctica acerca de lo pío y lo impío. Por otra parte, también se muestra que a través de la dialéctica se busca definir los conceptos que van orientando el camino para saber si las afirmaciones de Eutifrón llevan a la verdad; si no lo logra del todo es porque la brevedad del diálogo no permite continuar profundizando la postura que conlleve a una verdadera definición de piedad. En conclusión, el diálogo platónico muestra elementos de una apología para defender a Sócrates ante las acusaciones que se generan en torno a él y sirve para considerar que desde una dialéctica adecuada, se puede llevar a la persona a una comprensión asertiva de lo que se afirma es un bien para todos.

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Bibliografía:

Platón, Diálogos, “Eutifrón” J. Calonge (trad.), Barcelona, Gredos 2000, pág 213-242.


[1] Meleto era joven y poco conocido. Según se indica al comienzo del Eutifrón. Se prestó a presentar la acusación por afán de notoriedad o por presión del influyente.

3 de nov. de 2011

Presentación General de Diógenes de Apolonia

Fue hijo de Apolotemis, ciudadano de Apolonia[1], físico y hombre de excepcional reputación. Se dice de él que fue discípulo de Anaxímenes y contemporáneo de Anaxágoras[2]. Gracias a la información de Teofrasto[3] y la parodia de Aristófanes en “las Nubes”[4], se puede ubicar su actividad entre el año 440 y 430 a.C., pese a un supuesto error de Diógenes Laercio, que sitúa a Diógenes de Apolonia como discípulo de Anaxímenes, lo cual, a juicio de Kirk y Raven es incorrecto, pues Diógenes de Apolonia es posterior cronológicamente a Anaxímenes. Se ha discutido bastante si este filósofo escribió solamente un libro o cuatro (Contra los sofistas, Meteorología, Sobre la naturaleza del hombre y Sobre la naturaleza) como creyó Simplicio[5].

Según Teofrasto, Diógenes de Apolonia se ocupó principalmente de los estudios físicos y lo considera un ecléctico[6] (sobre todo en sus escritos). Siguió en algunos puntos a Anaxágoras y en otros a Leucipo (aunque también se vio influenciado por el pensamiento de Anaxímenes). Afirmó que la sustancia del universo es el aire, del que se forman las otras cosas[7]. Aprovechó elementos de sistemas anteriores para confeccionar su propia concepción monista del mundo, más coherente y menos complicada que la de sus predecesores en el monismo[8]. Declara pues “que todas las cosas existentes se diferencian de sí mismas y son, a la vez, la misma cosa[9], por lo tanto todas deben ser modificaciones de una sustancia básica. Argumenta que si las cosas que existen (tierra, agua, aire…) fueran diferentes en su naturaleza, sin una identidad esencial, experimentarían numerosos cambios y diferenciaciones, además les sería imposible mezclarse entre sí (como una planta que se desarrolla en la tierra) así como dañarse o ayudarse (y cualquier tipo de interacción). Y al final todo retorna a aquello de lo que procede.

Diógenes admitió el principio de que todo lo que nace es mezcla y lo que perece es separación, en el supuesto de que los elementos de la mezcla fueran de una sola clase y no de muchas (como creyó Anaxágoras). Para él la sustancia básica contiene (en sí misma) inteligencia divina, la cual dirige todas las cosas hacia lo mejor. Esta capacidad del principio material de todas las cosas es la que permite un equilibrio en el mundo, y que cada cosa exista en armonía con las demás. Regula así los eventos naturales, los ciclos del año, el tiempo atmosférico, la medida[10] de todas las cosas, etc.. Atribuye cada suceso natural, de un modo directo, a la inteligencia de la forma pura de la sustancia básica.

De lo anterior expuesto, es posible indicar que “la inteligencia y la vida se deben al aire, el cual es, por tanto, la forma básica de la materia. El aire es divino y gobierna todas las cosas; adopta formas diferentes según sus diferencias de calor, movimiento, etc.[11]. Por lo tanto, lo que tiene inteligencia es aquello que los hombres denominan aire, y que a su vez éste principio generador (el aire) lo gobierna todo (incluido el hombre), lo dispone todo y está en todo. No hay nada que no tenga una parte suya, no obstante no participen de él de la misma manera (hay muchos modos en que se presenta el aire para formar los seres[12]). Siendo así, el alma de todos los animales es la misma: aire más caliente que el del exterior que nos rodea. En ninguno de los animales el calor del aire es igual, sin embargo, la diferencia no es grande, lo que les permite ser semejantes entre sí. No es posible que ninguna cosa de las que experimentan diferenciación sean exactamente iguales, la una a la otra, aunque sí semejantes.

Diógenes quiere sostener su tesis de que el aire es el principio del que se origina todo argumentando que todos los seres vivos respiran aire: alma (principio vital) e inteligencia a la vez. Además complementa diciendo que la vida abandona el cuerpo cuando le abandona la respiración. Si todo se compone de aire, el mundo inanimado se distingue del animado únicamente en que estos últimos contienen aire caliente. A diferencia de Anaxímenes, el rasgo distintivo del aire, en los distintos seres es la temperatura y no su densidad. “La inteligencia es aire caliente, más caliente que la atmósfera, pero más frío que el que circunda al sol[13]. De esta manera Diógenes permite una distinción racional entre el mundo animado y el inanimado, mantiene una sustancia común a ambos y sigue fiel a su concepción monista del mundo. Para él el aire es dios, pues gobierna todas las cosas y ejerce su poder sobre ellas (es inherente[14] a ellas y las dispone). El aire es, además, eterno e inmortal.

Diógenes de Apolonia aduce una versión cosmogónica, que probablemente se basa en Anaxágoras, según los fragmentos de Plutarco, en un inicio todo (el aire) estaba en movimiento, posteriormente se rarificó en algunos lugares y en otros se hizo denso. Lo denso se concentró y formó la tierra. Los demás seres surgieron de la misma manera: las partes más ligeras ocuparon las zonas superiores y produjeron el sol[15]. Además gracias a Teofrasto conocemos algunos aportes que realizó en el área de la fisiología argumentando que todos los sentidos del hombre (olfato, gusto, tacto, vista), así como los sentimientos y pensamientos funcionan gracias al aire, según la cantidad de éste y como se presente (más caliente, frío, denso, etc.)[16]. Toda sensación es producida por el aire; el exterior choca y se mezcla con el aire que está dentro del órgano sensorial y es llevado por los canales sanguíneos hasta el cerebro. Por Aristóteles, corroboramos que Diógenes hacía del aire el principio material del hombre, al situar el esperma como aéreo[17].

El aporte más importante de Diógenes radica principalmente en la claridad de su teoría, más que en su originalidad, pues, de cierto modo, Anaxímenes había ya propuesto que tanto el alma como el mundo se componían de aire[18]. Pertenece a los filósofos que cierran el período presocrático. Vivió en el ambiente previo e inicial de la guerra del Peloponeso y bajo la influencia de la sofística. Estos factores tuvieron un influjo importante en su obra, que, como al comienzo del trabajo se presentó fue ecléctico, es decir, que tomó partes de los sistemas anteriormente utilizados (como en el caso de su teoría del aire, también propuesta por Anaxímenes). Logra sintetizar lo que anteriormente se había dicho, preparando el terreno para la filosofía socrática y posterior.

BIBLIOGRAFÍA

Kirk, Raven y Schofield, Los filósofos presocráticos, Cap. XVI “Diógenes de Apolonia”, Vol. II, Editorial Gredos, Madrid, 2008, pp. 110 – 133.



[1] Ciudad que fundaron los milesios en la región del Ponto (Asia Menor, actualmente Turquía).

[2] Cfr. Kirk, Raven y Schofield, Los filósofos presocráticos, Cap. XVI “Diógenes de Apolonia”, Vol. II, Editorial Gredos, Madrid, 2008, p. 110 . No. 595 Diógenes Laercio, ix 57.

[3] Ibídem, p. 113. No. 598 Teofrasto. Fís. Op. Fr. 2. ap. Simplicio. Fis. 25, 1 (DK 64 A 5).

[4] Aristófanes, Las Nubes. No. 614.

[5] Cfr. Kirk, Raven y Schofield, Los filósofos presocráticos, Cap. XVI “Diógenes de Apolonia”, Vol. II, Editorial Gredos, Madrid, 2008, p. 111 . No. 597 Simplicio, Fis. 151, 20 (DK 64 B 2).

[6] Eclecticismo: Escuela de pensamiento filosófico que se caracteriza por escoger (sin principios determinados) concepciones filosóficas, puntos de vista, ideas y valoraciones entre las demás escuelas que puedan llegar a ser compatibles de forma coherente, combinándolas indiscriminadamente.

[7] Emplea, al igual que Anaxímenes, los conceptos de condensación y rarefacción para explicar la creación de todas las cosas, a partir del mismo principio material: el aire.

[8] Monismo: Postura filosófica que sostiene que el universo está constituido por una sola sustancia primaria.

[9] Kirk, Raven y Schofield, Los filósofos presocráticos, Cap. XVI “Diógenes de Apolonia”, Vol. II, Editorial Gredos, Madrid, 2008, p. 115 . No. 599 Simplicio, Fis. 151, 31 (DK 64 B 2).

[10] De la misma manera que Heráclito sostenía que el logos mantenía las medidas de todas las cosas.

[11] Kirk, Raven y Schofield, Los filósofos presocráticos, Cap. XVI “Diógenes de Apolonia”, Vol. II, Editorial Gredos, Madrid, 2008, p. 119.

[12] Puede ser multiforme, más caliente o más frío, más seco o más húmedo, más o menos estable y dotado de un movimiento rápido, y de muchas otras cosas que dan como resultado la múltiple variedad de entes conocidos.

[13] Kirk, Raven y Schofield, Los filósofos presocráticos, Cap. XVI “Diógenes de Apolonia”, Vol. II, Editorial Gredos, Madrid, 2008, p. 123.

[14] Inherente: Que por naturaleza está inseparablemente unido a algo.

[15] Cfr. Kirk, Raven y Schofield, Los filósofos presocráticos, Cap. XVI “Diógenes de Apolonia”, Vol. II, Editorial Gredos, Madrid, 2008, p. 124. No. 607 Plutarco, Storm. 12.

[16] Cfr. Ibídem. p. 126. No. 612 Teofrasto, de sensu, 39 y ss (DK 64 A 19).

[17] Cfr. Ibídem. p. 131. No. 616 Simplicio, Fis. 153, 13

[18] Aunque basa la distinción entre una cosa y otra según la concentración de aire (rarefacción y condensación).

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2 de nov. de 2011

Sobre la apología de Sócrates




El presente texto nos presenta algunos aspectos importantes sobre la apología de Sócrates escrita por Platón, quien fuera uno de sus alumnos. Es ciertamente una perspectiva peculiar sobre cómo asume Sócrates la pena de muerte al ser llevado a juicio injustamente por sus oponentes ante cargos que claramente él no reconoce, sin embargo es importante darse cuenta de la manera en la que llega a morir como si lo estuviese aguardando, de modo alguno parece satisfecho de su actuar en medio de su pueblo y del final al cual le ha conducido.

Nacido probablemente entre el año 470 A.C. y muerto en el 399 A.C. Y a pesar de ser poco lo que se conoce a cerca de la vida y obra de este ilustre filósofo sabemos que fue hijo de una comadrona, Faenarete, y de un escultor, Sofronisco. Además de que fue soldado de infantería, siendo así que participó en las batallas de Samos, Potidea, Delio y Anfípolis.[1]

Ahora quiero mostrar a grandes rasgos la situación del juicio y los argumentos de Sócrates para elaborar su defensa. Sócrates se encuentra en un tribunal, calumniado por tres hombres. Ánito, Licon y Meleto. Señalan a Sócrates los siguientes delitos: Enseñar a los hombres a no creer en los dioses, situación sumamente grave, porque se trata de impiedad, además lo culpan de ser un hombre que averigua las cosas de abajo en la tierra y de arriba en los cielos “Sócrates es un impío, quiere penetrar lo que pasa en los cielos y en la tierra, convierte en buena una mala causa y enseña a los demás sus doctrinas”[2] no conformes con lo anterior argumentan que Sócrates enseña en beneficio propio, es decir, que a base de enseñar sus ideas obtiene dinero, es fácil predecir que Sócrates rechaza y refuta dichas acusaciones, arguye que él jamás enseña la inexistencia de los dioses, sino todo lo contrario, habla y enseña sobre ellos, aún más, su vida se rige por lo que los dioses le designen mediante una voz que él miso asegura le aconseja cada cosa que tiene que hacer, dicho consejero es un deimon entonces ya que sería ridículo, según él, hablar sobre hijos de los dioses sin creer que existen los dioses y que es totalmente falso que pretenda obtener dinero de sus enseñanzas.

“Un día habiendo partido para Delfos, tuvo (Querofón) el atrevimiento de preguntar al oráculo… si había un hombre más sabio que yo, la Phytia le respondió que no había ninguno”[3] En este punto expresa lo que el oráculo de Delfos le ha rebelado, como el hombre más sabio sobre todos, declaración que provoca la envidia y la ira de muchos presentes, pero no es alarde lo que aquí sostiene, sino que explica cómo trató de refutar el oráculo dándose cuenta de que él sabiendo muchas cosas declara no saber otras, sin embargo comprueba que en ello no existe alguien más sabio que él porque al salir y cuestionar a los que la ciudad tiene por sabios se da cuenta de que dicen saberlo todo y realmente no es así, por lo que parte de su labor fue esa, hacerles saber que realmente no sabían nada, situación que le atrajo gran número de enemigos. Posteriormente dirige sus argumentos sobre Meleto quien lo acusa de ser un pervertidor de la juventud, pero Sócrates hecha abajo los argumentos de su acusador.

Después declarará que no teme a la muerte, pues la considera una meta, un lugar al que llegar si eso vale obedecer a dios que es el más sabio de todos por eso rechaza la absolución de la condena impuesta “Yo, atenienses, os aprecio y os quiero, pero voy a obedecer más al dios que a vosotros y, mientras aliente y sea capaz, es seguro que no dejaré de filosofar”[4]. Su deber es enseñar el cuidado del alma y su perfeccionamiento. Se ha dedicado a enseñar como un hermano mayor, ya que sabiendo mucho es pobre “…tan desvergonzadamente, no han sido capaces, presentando un testigo, de llevar su desvergüenza a afirmar que yo alguna vez cobré o pedí a alguien una remuneración. Ciertamente yo presento, me parece, un testigo suficiente de que digo la verdad: mi pobreza”[5] con esto corrobora que él no enseña para beneficio propio, sino que lo hace por la justicia, y exhorta a que el que quiera enseñar lo haga como hombre simple y no público.

No pretende, como ya hemos mencionado, hacer que lo liberen, ni hace comparecer a sus hijos para apoyar esa causa, pues no le parece regular y honesto, siendo así que no pretende caer en las bajezas a las que otros han recurrido con tal de no ser condenados a morir, cuando se les tenía por grandes personajes, pero a Sócrates la muerte no le representa ni un solo mal, lo cual nos deja claro que no intenta suplicar a los jueces para evitar su muerte, por el contrario asume su condena a morir, declarando a los jueces que si es eso el precio de no callar las cosas buenas que aprendió durante su vida y haber obrado con justicia, entonces acepta la muerte como una meta, asumiéndola cual si fuera un triunfo.

Finalmente Sócrates concluye con su apología realizando una reflexión acerca de la muerte, en la que sostiene que la muerte es un beneficio mayor a vivir, puesto que si se trata de un dormir pacífico e ininterrumpido, entonces la muerte no representa ventaja alguna, afirma también que si es cierto que la muerte es un lugar a donde va el alma esto representa una dicha porque ahí se encontrará con los semidioses, los héroes legendarios, y muchos hombres ilustres a los cuales tiene deseos de interrogar para distinguir quienes son verdaderamente sabios “Pero aún sería un placer infinitamente más grande para mí pasar allí los días, interrogando y examinando a todos estos personajes”[6]. Al disponerse a la ejecución de la sentencia, concluye: “¿entre ustedes y yo, quién lleva la mejor parte? Esto es lo que nadie sabe, excepto Dios”.

Bibliografía:

Goñi Carlos, Breve historia de la filosofía, Madrid, colección Albatros, 2010, cap. II “Sócrates

Platón, Apología de Sócrates, Diálogos, J. Calonge (trad.), Barcelona, Gredos 2000, pag. 13-51.


[1] Cf. Consultado en http://www.filosofia.org/bio/platon.htm [Accesado el día 01 de Noviembre del 2011]

[2] Platón, Aplogía de Sócrates, en Diálogos J. Calonge (trad.), Barcelona gredos 2000, pag. 19, 21 a.

[3] Op. Cit. Platón, Ibidem, 21a

[4] Ibidem, 29 d

[5] Ibidem, 31 c

[6] Ibidem, 41 b

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Anaxágoras de Clazomene


La filosofía tuvo gran auge en diferentes partes del mundo especialmente  en Grecia, la cual  se desarrolló aproximadamente en el s. VI a. C. con los presocráticos, ya que ellos tenían la inquietud de saber qué había más allá de lo tangible, es decir, razonaban y aportaban luz a los problemas y situaciones de la vida cotidiana para darles una explicación lógica de acuerdo a su época. Cabe decir, que hubo una escuela importante en el periodo de los presocráticos la cual es de los pluralistas. En ella hubo un alumno  llamado Anaxágoras que destacó por su pensamiento filosófico. Además, es imprescindible saber que los pluralistas se caracterizan por creer en un principio haciéndolo múltiple y quieren “armonizar las exigencias de la razón y el testimonio de los sentidos”[1].

    Ahora bien, Anaxágoras  nace en Clazomene, alrededor del año 500 a. C. ahora bien, basandose en su crónica,  según “Apolodoro, dice que nació en la 70 Olimpíada y que murió en el año primero de la 88. Comenzó su actividad filosófica en Atenas en el arcontado de Calias, a la edad de veinte años, según nos cuenta Demetrio Falereo en su Registro de Arcontes, y dicen que allí estuvo treinta años”[2]. Otro rasgo relevante de su vida es que salió de Atenas por causas de un decreto que iba dirigido a él. Dicho decreto acusaba a las personas que no creían en la religión propuesta en tal época y a las personas que enseñaban teorías celestes. En efecto  Anaxágoras abandonó Atenas por estos motivos y  tuvo la necesidad de arribar  a Lámpsaco  donde pereció.

  Después de describir la vida de Anaxágoras es indispensable profundizar y conocer su pensamiento filosófico para encontrar la riqueza que aporta a sus coetáneos conforme a la cosmología y otras posturas acerca de la realidad. Así pues, Anaxágoras afirma  que todas las cosas, no importando su tamaño, contiene una porción de todo. También cree que la materia puede ser infinitamente divisible, por ello  postula su idea sobre la cosmogonía diciendo que: “Juntas  estaban  todas las cosas,  infinitas en  número y  pequeñez: ya que también lo pequeño era infinito. Y mientras todas estaban juntas, nada era visible a causa de su pequeñez; pues el aire y el éter las tenían sujetas a todas, siendo ambos infinitos; puesto que éstos son los máximos ingredientes en la mezcla de todas las cosas,  tanto en número como en tamaño”[3]. Entretanto, con dicha postura da a entender que el mundo surgió de una mezcla universal de cada cosa singular que había de terminar por emerger. A pesar de lo ya mencionado Zenón infiere diciendo que las pluralidades debían ser limitadas en número, sin embargo Anaxágoras piensa que la realidad consta de un número infinito de cosas, ya que no hay ni  más ni menos de cosas de las que hay. Es así que rechaza la inferencia del filósofo Zenón.

   Otra idea que él  tenía era afirmar que la mente es infinita, autónoma y gobierna todas las cosas que tienen vida tanto las grandes como las pequeñas. Por tanto, se puede decir que la mente tiene el conocimiento de todo y por ello tiene la facultad de ordenar todas las cosas. Por ejemplo, Anaxágoras explica:

  “cuando la Mente inició el movimiento, estaba separada de todo lo que era movido y todo cuanto la Mente movió quedó separado; mientras las cosas se movían y eran divididas, la rotación aumentaba grandemente su  proceso de división”[4].

  Mientras tanto, para seguir ahondando el pensamiento de Anaxágoras se tiene que recordar la postura acerca de las materias, la cual está compuesta de infinitos números de porciones, y sobre todo puede ser  infinitamente divisible. A pesar de lo anterior, Anaxágoras creía que las cosas estaban coaguladas en partículas o dicho con otras palabras, en semillas, donde se desarrollan las cosas. Algo característico de las semillas es que tienen colores y gustos diversos, además se deduce que algunos opuestos son ingredientes efectivos de ellas. Con ello se da a entender que las semillas tienen cohesionados los opuestos y las sustancias naturales solas. En cuanto a los opuestos se conciben como elementos primarios de posición superior a las sustancias naturales. Los opuestos primarios son el éter, el cual está compuesto por una semilla rara, cálida y seca. También se encuentra el aire que es el otro opuesto componente de la cosmogonía. En efecto, estos dos elementos aunados constituyen una mezcla total. Mientras tanto,  el pensamiento de Anaxágoras conforme a la cosmogonía, explicaba que: “En primer lugar, el aire, que, en este estadio, es el opuesto del éter, se solidifica en nubes; de las nubes surge el agua; del agua surge la tierra; y de la tierra, por último, se solidifican las piedras. No sólo lo igual continúa siendo atraído por lo igual, sino que también, evidentemente, la presión existente en el centro de la rotación va comprimiendo a las "semillas" en cuerpos cada vez más sólidos”[5].
  De igual forma Anaxágoras pensó que los primeros  principios de las cosas eran  las “homeomerías”[6], que en si explicaban que todo lo que es debe proceder de una realidad ya existente. Pues le parecía imposible que ninguna cosa llegara al ser a partir de lo que no es o que en ello se disolviera. Por consiguiente, las  homeomerías son cosas que dividiéndose siempre dan partes cualitativamente iguales.
 Se dice que a Anaxágoras le interesó la astronomía y meteorología diciendo que:

  “La tierra tiene una forma plana y se mantiene suspendida donde está, debido a su tamaño, a la inexistencia del vacío y a que el aire, que es muy fuerte, la sostiene flotando sobre él. De las cosas húmedas que hay sobre la tierra, el mar surgió de sus aguas, su evaporación dio origen a todo lo que ha emergido, y de los ríos que afluyen hacia él. Los ríos deben su origen, en parte, a la lluvia y, en parte, a las aguas de la tierra, porque la tierra es cóncava y contiene agua en sus concavidades. El Nilo crece en verano, porque confluyen en él las aguas procedentes de las nieves del sur. El sol, la luna y todas las estrellas son piedras ígneas que la rotación del éter lleva consigo en su movimiento”[7].

  En conclusión, los últimos  presocráticos fueron los pluralistas como Empédocles, Demócrito, Anaxágoras, etc. los cuales se caracterizan por creer en un principio haciéndolo múltiple, como es el caso de las semillas que  forman el principio de lo creado. Por esta razón Anaxágoras es un filósofo que aporta nuevas ideas sobre la realidad reflexionando los problemas y situaciones de la vida cotidiana.


Bibliografía:

Kirk, Raven y Schofield, Los filósofos presocráticos, Cap. XII “Anaxágoras de Clazomene“, Madrid, Editorial Gredos, 1994, pp. 3-45

 Yarza,Iñaki, Historia de la filosofía antigua,Cap.IV “ Los pluralistas”, Pamplona(España), Editorial EUNSA, 1992, pp. 54.

[1] Yarza,Iñaki, Historia de la filosofía antigua,Cap.IV “ Los pluralistas”, Pamplona(España), Editorial EUNSA, 1992, pag. 54.
[2] 459 Diógenes Laercio , 11(en Kirk, et. al, Los filósofos presocráticos, Cap. XII “Anaxágoras de Clazomene”, Madrid,  Editorial Gredos, 1994, p.3 )
[3] 467  Fr. 1, Simplicio, Fis 155, 26(en Kirk, et. al, Los filósofos presocráticos, Cap. XII “Anaxágoras de Clazomene”, Madrid,  Editorial Gredos, 1994, pag.10 )
[4] 477 Fr. 13, Simplicio, Fis  300, 31(en Kirk, et. al, Los filósofos presocráticos, Cap. XII “Anaxágoras de Clazomene”, Madrid,  Editorial Gredos, 1994, p.18 ).
[5] Kirk, Raven y Schofield, Los filósofos presocráticos, Cap. XII “Anaxágoras de Clazomene“, Madrid, Editorial Gredos, 1994, p. 33
[6] "cosas con partes iguales"
[7] 502 Hipólito, Ref. 8, 3-10 (en Kirk, et. al, Los filósofos presocráticos, Cap. XII “Anaxágoras de Clazomene”, Madrid,  Editorial Gredos, 1994, p.42).